El coche en verano: calor, viajes y averías típicas
El verano castiga al coche tanto como el invierno. El calor extremo y los viajes largos sacan a la luz lo que estaba flojo.
Solemos asociar las averías al frío del invierno, pero el verano castiga al coche tanto o más. El calor extremo, las altas temperaturas del asfalto y los viajes largos con el coche a tope ponen a prueba sistemas que el resto del año pasan desapercibidos. El verano, además, es cuando más kilómetros hacemos y peor viene quedarse tirado. Preparar el coche para el calor evita las averías más típicas de la temporada.
La refrigeración, en primera línea
Con el calor exterior, el motor lo tiene más difícil para mantener su temperatura, y el sistema de refrigeración trabaja al máximo. Por eso el verano es cuando más sobrecalentamientos se producen. Antes de la temporada y de los viajes largos, comprueba el nivel del líquido refrigerante y vigila la temperatura del motor en marcha. Si la aguja sube hacia la zona roja o se enciende el testigo, hay que parar: seguir con el motor sobrecalentado es de las formas más rápidas de provocar una avería grave.
La batería también sufre el calor
Aunque las baterías tienen fama de morir en invierno, el calor extremo del verano también las castiga y acelera su desgaste. Muchas baterías que aguantan justo todo el verano fallan al primer frío, pero el daño se gestó con el calor. Si tu batería ya tiene años, el verano es buen momento para vigilarla, porque las altas temperaturas la llevan al límite. Un arranque perezoso en agosto es un aviso a tener en cuenta.
El frío mata la batería de golpe; el calor la mata poco a poco. El verano desgasta el coche tanto como el invierno, solo que más callado.
Neumáticos y asfalto caliente
El calor afecta también a los neumáticos. El asfalto puede alcanzar temperaturas altísimas en verano, y un neumático en mal estado, con la presión incorrecta o muy desgastado, sufre mucho más y aumenta el riesgo de reventón, justo cuando vas cargado y a velocidad de autopista. Antes de los viajes de verano, revisa bien la presión y el estado de las ruedas. El calor no perdona a un neumático que ya estaba al límite.
Cuida también el interior
El sol del verano no solo afecta a la mecánica. Un coche aparcado al sol alcanza temperaturas altísimas dentro, que dañan el salpicadero, resecan la tapicería y hacen insoportable entrar. Aparcar a la sombra siempre que se pueda, usar un parasol y ventilar antes de arrancar cuida el interior y hace el coche habitable. Y nunca, jamás, dejes a niños o animales dentro de un coche al sol: en minutos se convierte en un horno mortal.
Un repaso antes del verano
Como antes del invierno, antes del verano y de los grandes viajes conviene un repaso: refrigeración, batería, neumáticos, aire acondicionado, niveles. Es el mismo principio de siempre: media hora de revisión a cambio de no quedarse tirado en una autopista a 40 grados con la familia y las maletas. El coche bien preparado afronta el calor sin dramas; el descuidado encuentra en el verano el momento perfecto para dejarte tirado.
3 comentarios
El nivel del refrigerante antes del verano es básico y yo lo asociaba solo al invierno. El motor se calienta igual o más en agosto.
La batería también muere en verano por el calor, no solo en invierno por el frío. No lo sabía. Buen apunte.
Aparcar a la sombra y usar el parasol parece tontería hasta que entras en un coche a 60 grados. Cuida el salpicadero y la tapicería.